martes, 20 de junio de 2017

Franco Borestein, el político ambiguo.

Franco nunca terminó la universidad porque en su afán de comprender el mundo y al hombre fue estudiando aleatoria y transversalmente asignaturas de diferentes carreras de bases tan disímiles como Biología, Matemática, Periodismo, Psicología, Reflexología y Teología, entre otras.
Franco, mientras desayunaba, creyó vivir una epifanía y pensó que debía dedicarse a la política para cambiar el mundo, o al menos empezar desde su localidad. Inmediatamente se precipitó a escribir su primer discurso que reflejaba su eterna inquietud, su cambio permanente, su inconsistencia ideológica, sus convicciones reversibles y su flojera moral.
En los bocetos que se rescataron de su última morada, se podían leer estos párrafos, incansablemente tachados y reescritos.
¨El mundo es injusto y la primera lucha debería ser la lucha por la igualdad. Una igualdad que no sea estandarización o normalización, una igualdad que haga énfasis en la diferencia, porque sólo podemos ser iguales si podemos diferenciarnos y explotar nuestra individualidad, nuestra unicidad, si podemos vivir profundamente nuestra particularidad dentro de un colectivo social.¨
Franco, aparentemente, abandona este concepto de igualdad-diferencia después de muchos pasajes tachados al verse enredado en argumentos que lo llevaban a conclusiones siempre enfrentadas.

En la página 7 trabaja el tema de la meritocracia con estas palabras: ¨El merecimiento es el motor del progreso, el incentivo al trabajo y la zanahoria del burro¨. Esta última metáfora evidentemente le provoca un giro en su discurso y sigue así: ¨La recompensa al trabajo es la mayor herramienta de domesticación¨ No conforme con eso, mientras escribe, reflexiona y el vaivén de ideas se profundiza. ¨La meritocracia es una forma de mantener una estructura social estática al ignorar las limitaciones de acceso al trabajo o estudio. La injusticia de base es la madre de todas las diferencias¨ Aquí se hacen presentes espontáneamente sus estudios religiosos y agrega que ¨ no hay injusticia inicial, hay justicia celestial y más allá de lo que juzguemos en la Tierra, existe una meritocracia karmática que explicaría porqué algunos nacen en Noruega y otro no. La clave es juntar millas espirituales con buenas acciones¨. De pronto parece descubrir que esta es otra treta para naturalizar las restricciones de arranque de cada uno y arriesga una teoría japonesa que tiene que ver con la aceptación de las propias limitaciones como atajo a la libertad. Sencillamente, entregarse a la realidad en forma aerodinámica, sin fricciones, sin resistencias, con la paz del que no quiere luchar. Esta última reflexión fue la que llevó a Franco Borestein a que súbitamente todo le chupe un huevo y esa sensación emancipadora lo hizo abandonar, durante el almuerzo, el proyecto político. El hizo carne de la negación como opción válida y el delirio ante la polarización para escapar de la dualidad y la contradicción: ¨Azúcar o edulcorante? Perro! ¨, ¨Flaca o pulposa?¨ Pateá al ángulo!. Franco se corrió tanto que ya no pudo volver o no quiso volver. Algunos dicen que lo vieron en trikini en el 144, otros dicen que no saben quién es Franco Borestein, pero es innegable que su lucidez, aunque fugaz, iluminó el camino de muchos...o los muchos caminos de pocos.

martes, 30 de mayo de 2017

Te voy a decir la verdad.

No quiero, gracias. A veces la sinceridad es grotesca, ofensiva, dolorosa o desubicada. Guardo cierto desprecio por la gente que enarbola la bandera de la sinceridad y además la condimenta con una brutal frontalidad. No pido que me mientan descaradamente, pero sí que ajusten su versión de las cosas con empatía y que se muevan con cintura en temas delicados. Hay mucho de perverso en alguien que te escupe una observación cruel en nombre de la franqueza, como si eso debiera quitarle el halo de mala intención.
La verdad no es una sola por eso el fundamentalista de la sinceridad también tiene algo de arrogante y de equivocado. Lo que se postula a gritos como verdad, a veces, es una opinión, una sensación o sólo una versión de los hechos.

Jóvenes argentinos, no se dejen avasallar por las declamaciones de estos profetas de la espontaneidad porque sólo tratan de convencerse a ellos mismos. La próxima vez que alguien te hiera con ¨su¨ verdad recuerda que sólo los imbéciles alojan certezas absolutas y están buscando discípulos todo el tiempo.

Fenómenos


Estoy convencida de que soy protagonista de un fenómeno que tiene que ver con una disfunción en el paso del tiempo. Si bien inicié mi carrera cronológica en el mismo momento que mis coetáneos, en algún punto ellos fueron arrastrados por el devenir de la decrepitud, mientras yo, sin duda, he sido olvidada por alguna década. Esta observación que puede parecer subjetiva se comprueba fácilmente en reuniones de ex alumnos, ex combatientes o reencuentros de veteranos. Claramente aquellos que acusan mi edad se ven mayores y no veo a nadie que, como yo, haya esquivado con tanta eficacia la senilidad. Ellos me miran con asombro y estoy segura que deben preguntarse sobre mi condición. Yo tampoco dejo de cuestionarme porqué los demás envejecen y uno no.

lunes, 29 de mayo de 2017

Malditas artesanías

Aquellos objetos que consideramos “artesanías” poseen un valor extra que reconoce el trabajo dedicado de un artista y la magia de sus propias manos. Hoy, en plena era industrial y digital, esto tiene una tasación mucho mayor, pero no nos dejemos engañar por la vuelta a las manualidades, los materiales nobles y el culto a la manta de oveja nórdica, hay artesanías que son horribles. Las principales víctimas de esto son los turistas desprevenidos, que embelesados por el encanto soberbio de las sierras cordobesas, compran duendes tallados en madera con cabello de paja y rasgos endemoniados. Si ningún adulto responsable dormiría solo con esa criatura en la mesa de luz, entonces por qué, además de comprarlo, te lo regalan como una muestra indiscutida de que te recordaron en medio de los trajines del periplo. Uno, agradecido, lo entierra en el rincón más oscuro del hogar hasta que un día se eleva entre juguetes rotos y no tenemos dudas en desestimar el acto de amor que lo trajo ahí y tirarlo, pero de pronto aparece algo más. Sobre el tronco donde está sentado se lee la frase: “Duende de la fortuna”. Eso lo cambia todo. Ahora nuestro objeto horrible está embebido de un poder especial y nos asaltan todas las dudas esotéricas. ¿Si lo tiro caeré en desgracia? Bueno, mientras estuvo allí tampoco salí en la tapa de Forbes, entonces podría desprenderme sin problemas. ¿Y si lo que logré fue por su presencia y en su ausencia todo hubiera sido peor? ¿Y si en vez de tirarlo lo vuelvo a esconder? ¿Y si se ofende? Porque hasta ahora sólo podría haber sido víctima del olvido, ¿pero si el duende es consciente de que mi decisión de ocultarlo es alevosa, racional y lúcida? ¿No se tomará represalias? Miramos fijamente esos ojos gigantes de madera, ojos alienígenas, buscando una respuesta y nos preguntamos con qué necesidad el artesano habría de dejar caer sobre esta pieza semejante maldición. Lo miramos de nuevo, tomamos fuerza, lo ponemos en el fondo del tacho de basura (con delicadeza) y nos hacemos cargo de nuestra vida, recuperamos la fe en la ciencia y en la modernidad. Pero, en algún lugar, en lo más profundo de nuestra conciencia esos ojos macabros no dejarán de mirarnos a través de todas las bolsas de polietileno que nos crucemos durante el resto de nuestra existencia.

viernes, 8 de julio de 2016

Los poetas de la vida

Ya lo decía Charles Manson a su grupo de seguidores en los años 60: “La palabra es el ladrillo de la realidad”. Con el objetivo de arrancarnos de la miseria cotidiana, de la mediocridad de la existencia y con los fines no tan confesados de evitar revueltas sociales, levantamientos masivos o suelta de veganos, se ha creado un grupo conocido como ¨Los poetas de la vida¨.
Algunos creyeron identificar a parte de sus miembros, pero esto es improbable, los datos son muy inciertos y contradictorios ya que actúan destrás de bambalinas moviendo los hilos invisibles de nuestra interfaz con el mundo. Su misión es nombrar con palabras que nos llenan de ilusión y esperanza a cosas o actividades que no salen de la vulgaridad y el desatino del sistema. Se han reconocido algunos trabajos como bautizar con los nombres de Cardiobox, Crossfit, Hotfitness, Fitterclass, FitFuckingFatBoy a la acción y efecto de saltar como un mono para bajar las medialunas del domingo. También se inmiscuyen rastros de la obra de estos poetas en los comerciales de yogur donde esta ordinaria leche cuajada pasa a resolver aspectos vitales de la existencia por medio de probióticos y lactobacilus que tienen el poder de regular el intestino, proteger la flora, fauna y facilitar el acceso a un crédito hipotecario.
El marketing es un caldo de cultivo constante de estas denominaciones que hacen que vender un jabón para lavar la ropa nos eleve al nivel de “hacer un planning inbound y outbound para lograr el engagement del target¨.
Y ni hablar del menú en los reastaurants donde cualquier obrero alienado puede convertir su experiencia de comer un sánguche de milanesa en degustar un “Tierno filete de aberdeen angus con lluvia de harina crocante en cama de masa fermentada con mayonesa”.

El debate moral es ajeno a este escrito y queda a elección del lector someterse a la bijouterie verbal para aliviar su carga existencial o ser quien desenmascare la maquinaria simbólica que tiende un manto de fantasía sobre nuestra humanidad y agrega cumbia, couching y Paulos Cohelos al mate cocido diario.

martes, 4 de marzo de 2014

Misterios de la selva Parte III


Sucedió entre 1978 y 1983, nadie recuerda bien cuándo. Tampoco saben decir si realmente sucedió. Lo que no genera ninguna duda es dónde. Cualquier paisano que reaviva la historia puede ubicar precisamente el punto de los hechos. “En el corazón de las yungas, a orillas del Río Los Noques, a la altura del cerro Maldonado”. Así empieza el relato cada vez que alguien decide evocar la magia de aquel día.
Don Julio, que era conocido como “el tigrero”, era famoso por haber ultimado a 148 yaguaretés. Los yaguaretés, que también son conocidos como Yaguares, Uturoncos, Nahuel o Manchados, son populares por ser los mayores felinos de américa. Algo había entre estas dos especies que no podían convivir en el mismo territorio. Se olían, se rechazaban, se detestaban. Julio podía seguir sus rastros hasta en el aire y la estela invisible de ramas rotas que dejaban a su paso. Ellos habían aprendido a escuchar el silencio que él hacía cuando se agazapaba detrás de un quebracho.
Un día, Don Julio, perseguía el indicio de una hembra con su cachorro. Siguió la pista etérea hasta un claro donde se encontró súbitamente, cara a cara, con el enorme gato. La respiración del animal parecía tranquila y no había en su cuerpo indicio de alarma. Julio se desorientó. Detrás de esa hembra magnífica apareció su cachorro y se detuvo junto a ella. Los dos hincaron sus ojos amarillos en los ojos del cazador. Sin temor, sin odio, sin expresión. Un pecarí apareció de la nada. También dos corzuelas y un tapir que parecía perdido. Todos se detuvieron frente a Don Julio y lo miraron profundamente. No había amenaza, pero un escalofrío intenso recorrió como un látigo su espalda desnuda. Primero se tensó. Inmediatamente relajó todo su cuerpo y examinó cada par de ojos. El momento parecía interminable. ¿Cuánto más iban a sostener la mirada? ¿por qué lo miraban? Soltó el rifle y lloró. LLoró como cuando era chico. El desconsuelo era infinito. Abandono. Tristeza. Miseria. Soledad. Nadie calmaría ese llanto. Nunca.
Los animales fueron abandonando el lugar lentamente. Julio se quedó sin lágrimas, pero aún sigue llorando.



viernes, 19 de octubre de 2012

Gladis

Gladis es medium y hasta el momento sólo había utilizado sus dones para conectarse con los muertos dentro del marco laboral donde invocaba espíritus profesionalmente para la satisfacción de sus clientes. Un día de inmenso aburrimiento convocó a la primer alma que quisiera acudir sólo como para charlar un rato. Entonces se presentó un romano que había vivido el auge del imperio y más aburrido él de vagar por las inconmensurabilidades de la eternidad aceptó de buena gana el diálogo y comenzó a contarle sobre las costumbres de la época, las ciudades, la comida, la vestimenta y pronto se adentró en intimidades y chusmeríos de los emperadores lo que avivó la charla hasta las cinco de la mañana. Gladis ya se había servido varias copas de vino y había encendido un cigarrillo, pidiendo disculpas por si estaba atravesándolo con el humo. Ella se reía como loca y Marco hacía cada vez más fabuloso su relato para estirarlo lo más posible, ya que cuando ella lo decidiera, terminaría la conversación y vaya a saber cuántos miles de años tendrían que pasar para hablar nuevamente con alguien. Finalmente Gladis lo despidió, pero le sugirió que ande atento porque había disfrutado plenamente de su compañía y quería volver a canalizarlo. Gladis se durmió profundamente y aún dormida soltaba algunas carcajadas que le provocaban las anécdotas de Marco.
Al tiempo se le hizo un vicio y no se conformaba con invocar a un espíritu, sino que bajaba a grupos enteros con los que se divertía como una cabra. Marco casi siempre asistía y era uno de los últimos en irse. Una vez, Gladis estaba muy borracha y les dijo a todos que no tenía fuerzas para devolverlos, que podían quedarse a dormir allí, total, eran 27 pero no ocupaban lugar. Marco aprovechó esa oportunidad e intentó seducirla susurrándole palabras lascivas al oído. Ella le dijo que él la hacía sentir viva. ¿Me estás jodiendo?-le respondió. Ella se sintió una imbécil y los mandó a todos a casa.

sábado, 9 de junio de 2012

Misterios de la selva II

La rutina de la normalidad nos libra del sinsentido. Medimos, calculamos, destilamos la lógica de cada movimiento del universo para que todo sea matemáticamente predecible, esperable, para que mañana el mundo, amablemente, funcione igual que ayer. La posibilidad de que esto no suceda nos enfrenta con preguntas sobre la mismísima existencia, que no es otra cosa que la angustia y el infinito. Una vez, Pablo Miguens vio algo que no tenía que ver, que hubiera deseado no haber visto jamás. Un 20 de junio de 1954, en algún lugar desde donde se podía escuchar el murmullo de los saltos del Moconá, Pablo notó que el sol estuvo en el cénit durante 49 horas. No estaba loco, no estaba enfermo, no estaba borracho. Con el terror de la perfecta lucidez fue testigo y víctima del enigma. El sol no salió, el sol no se puso, el sol no se movió por poco más de dos días. Los únicos que siguieron su ritmo fueron el hambre, el sueño y el reloj, vestigios de la costumbre. Las aves buscaron refugio en los árboles, pero no lograron conciliar el sueño, revoloteaban perdidas y agotadas de una copa a la otra. Sus vuelos entrecortados y cantos irregulares se cruzaron con la queja de ranas y sapos. Pablo pensó que estaba muerto o loco, pero como estaba solo, no pudo corroborar ninguna de las dos ideas. Hacía ejercicios mentales para recordar quién era, dónde estaba y cómo se llamaban sus perros. Quería atarse a la cordura repitiendo el nombre de las cosas que conocía y recordando la forma de su casa y la casa de su infancia. De vez en cuando se pinchaba o se cortaba para que su cuerpo también estuviera presente. No recuerda si durmió o no. No puede asegurar que lo que vivió haya sido real, pero jamás lo negaría. De un momento para el otro empezaron a crecer las sombras y el alivio de la tarde o la oscuridad de la noche consolaron su locura. Su reloj se sincronizó con el universo. En el pueblo las estrellas nunca faltaron a su cita, los chicos se le rieron, los grandes se callaron por respeto o por miedo y algunas viejas recordaron relatos de viajeros extraviados que contaron la misma historia. A veces el sol no sale ni se pone en la selva. A veces.

lunes, 2 de abril de 2012

Misterios de la selva. Parte I

En 1921, en medio de la selva Misionera, Francisco Torres descubrió algo maravilloso. Durante una expedición, Francisco se alejó de la caravana y se aventuró entre la densa vegetación siguiendo el rastro de un enorme felino. Su oído se agudizó e intentaba concentrarse en los sonidos que lo llevaran hacia él. La selva pareció cerrarse sobre su cabeza como una enorme bóveda donde resonaban trinos, aleteos, cantos de ranas, grillos, chillidos, ramas moviéndose y el indescriptible eco de millares de insectos que creaban un rumor espeso y continuo. Justo a la altura de un gran lapacho negro, sucedió. Bastó un paso para que todo quede en absoluto silencio. Francisco se paralizó. Pensó que sus oídos, de pronto, habían dejado de funcionar. Sacudió la cabeza, con las manos se hizo sopapa en las orejas y bostezó reiteradas veces para destaparlas. Nada. Se asustó y dio un salto hacia atrás. Todos los sonidos volvieron a estallar a su alrededor. Aliviado, Francisco retomó el camino y a la altura del gran lapacho la selva volvió a enmudecer, como si el árbol con su sombra apagara cada voz. Se le ocurrió esa idea descabellada y recorrió la sombra del lapacho. Efectivamente, dentro de la silueta oscura que dibujaba el árbol, todo permanecía en silencio, pero apenas se asomaba al rayo del sol la música de la naturaleza revivía. Confundido, Francisco miró a su alrededor como si allí hubiera una respuesta. Entraba y salía de la sombra frenéticamente.
Finalmente optó por el silencio y se sentó al resguardo de aquel árbol magnífico. La gente no le creería y si le creían, iban a arrancar el árbol para estudiarlo, para abrirlo, para disecarlo, para despedazarlo, para robarle su magia. Entonces durante toda la tarde, hasta que cayó el sol sobre los otros lapachos, cedros, guatambués y laureles, disfrutó del maravilloso e increíble silencio. Luego se paró y empezó a caminar hasta unirse con el resto.

sábado, 10 de diciembre de 2011

Hoy mi mundo tiene el tamaño de tu panza.

LLevo tu olor en el alma y tus mejillas en mi boca.
Beso tus manos como almohadones de plumas, como conejos blancos, como espuma.
Beso tus pies de aire, tus pestañas de viento.
Hamaco tu llanto, le canto a tu sueño, le hablo a tus ojos y le susurro a tu pelo.
Mi compañero, mi amigo, mi apoyo, mi sentido, mi motivo, mi maestro.
Me multiplicaste, me dividiste, me sumaste.
Me despertaste, me enamoraste.

Récords

Lejos estamos de las epopeyas griegas, las interminables cruzadas romanas y las increíbles aventuras de los navegantes de Isla de Pascua. Hoy las páginas de diario se llenan de héroes sin batalla, causas estériles y retraso mental.
Gerardo Salvatierra fue uno de los personajes más famosos del momento cuando en 1987 se propuso dar la vuelta al mundo en bondi, pero en Paraguay se quedó sin monedas. Por su parte, Armando G. Ramírez quiso pasar a la fama escalando el Aconcagua en chancletas mientras Eliseo Camio compró 2 millones 700 mil salchichas y procuró unir Rosario con Cañuelas poniendo un embutido al lado del otro, récord que después intentó superar su hijo, Eliseíto repitiendo la hazaña, pero poniendo las salchichas en forma vertical (pero sólo llegó a parar 3 salchichas juntas).
Con la modernidad la humanidad ganó algo y perdió algo mucho más grande.

domingo, 9 de octubre de 2011

Los viajes de George

Georges Bekerly nació en la Inglaterra de 1794. Una época donde los exploradores desafiaban insolentemente los límites y se lanzaban a atravesar mares o surcar ignotas tierras en los rincones más remotos del planeta. Eran los tiempos de las almas inquietas, los curiosos voraces y los valientes con tierra en los zapatos. En esas fechas agitadas, nació Bekerly que desde pequeño alimentó el deseo de recorrer el mundo. Durante innumerables tardes abandonó su mirada sobre el mar mientras soñaba con grandes travesías. En su juventud alcanzó la popularidad dentro de su nación por planificar las excursiones más atrevidas. Bekerly proyectaba los viajes más audaces desafiando todas las fronteras conocidas. Profundamente obsesivo, diseñaba cada legua. Corregía y cambiaba rumbos según noticias de viajeros, intuiciones espontáneas, deliberados razonamientos, nuevos intereses y a veces hacía caso a alguna que otra tía que de metida le sugería una ocurrencia que le hacía modificar alguna traza. Así borró, enmendó, cambió, ratificó y volvió a cambiar los destinos de su travesía tantas veces que los rumores de su increíble viaje traspasaron los límites de la vieja Bretaña y empezaron a extenderse por otros continentes. Georges Bekerly iba a ser un viajero temerario, aquel que se llenaría los ojos con paisajes nunca vistos, que probaría frutos deliciosos de árboles exóticos, que enfrentaría bestias indescriptibles o llegaría a tierras de mujeres increíblemente hermosas. Cada nueva modificación de su itinerario multiplicaba los comentarios y conmovía más intensamente a sus contemporáneos.
Georges Bekerly perturbado y encaprichado con diseñar la travesía perfecta, pasó su juventud encerrado en su habitación.
Con los años empezó a corregir su viaje según las limitaciones que le iba imponiendo la edad. De todas maneras, Georges nunca perdió su entusiasmo y tampoco su elocuencia ya que todas las tardes era acosado por niños que le pedían que les hable de su viaje. El disfrutaba enormemente relatándoles cada particularidad de la aventura.
Durante sus últimos años, apurado por la vejez, decidió de una vez por todas definir su itinerario, lo que hizo que casi no saliera, ni siquiera para contar sus futuras hazañas. Ya no hablaba con nadie y algunos dicen que hasta había perdido las ganas de zarpar. Los niños lo alentaban, las viejas del barrio se reían y muchos simplemente lo olvidaron. Georges no se rindió, o tal vez sí, pero a nadie le importó.

jueves, 9 de junio de 2011

El gato que hace ruido.

En tu cuello puse un collar amarillo y un cascabel. Puede haber millones de gatos parecidos a vos, pero vos tenés un collar amarillo y un cascabel. Y no cualquier cascabel. Es uno muy especial que puedo distinguir aún cuando estás lejos. Uno que me sacude el corazoncito cuando te escucho llegar después de mucho tiempo, que me avisa que te despertaste y que tenemos otro día más para jugar juntos, que se mueve furioso cuando te rascás molesto o tiembla suavemente con tu ronroneo.
Los gatitos son sigilosos y se mueven en silencio, pero vos revolvés el aire con tu paso, alborotás la casa con tu trote y me regalás esa sencilla felicidad de estar escandalosamente vivo.

viernes, 13 de mayo de 2011

Hoy mi panza tiene el tamaño de tu mundo.

Imperfecta. Equivocada. Disconforme. Muchas veces enojada con el mundo. Otras tantas maravillada por un árbol amarillo, un perro corriendo o el gesto amable de un desconocido. Me río con todos, pero lloro sola. De ideales grandes, desilusiones enormes y logros magros.
No sé qué enseñarte, quiero aprender todo de nuevo con vos. No sé por dónde empezar a mostrarte el mundo porque cuando nazcas, va a ser un lugar totalmente diferente para mí. No sé si tengo mucho para darte, pero me va a alcanzar tu necesidad para conseguirlo todo.
Tengo una sola certeza: podés confiar en mí.
Tal vez sólo te tocó en suerte durante el reparto cósmico de madres. A mi me gusta pensar que, a pesar de todo, me elegiste.

jueves, 5 de mayo de 2011

Tu cuna

Tu cuna es azul, para que tus sueños sean profundos.
Tiene 3 ositos colgando de un barral. Están quietos, en silencio, esperando el día en que puedas hamacarlos con tus manotazos divertidos o que juegues a rozarlos con tus pies de empanada.
Los ositos me miran. Yo los miro. Todo está en calma.
El aire pasa callado y sale por la ventana.
Como si el mundo entero estuviera esperando tu sonora presencia, la casa está más muda que nunca.

miércoles, 20 de abril de 2011

Microdancing

Atrás del paseador de perros y su manojo de canes dispares y disciplinados caminaba un callejero auténtico. Pelo corto de color indefinido, huesos sobresalientes, orejas grandes y mirada blanda. Seguía a la jauría instruida y caminaba a su ritmo, pero de su cuello entrecano no salía ninguna correa que lo conecte con el paseador. Claramente, se mostraba satisfecho de sentirse parte de la manada y aún habiendo nacido pulgoso, flaco y particularmente atractivo para recibir patadas, parecía no advertir que todas esos atributos también lo hacían invisible y libre, absolutamente libre.
Hoy tipo 7 pm, cuando escuchemos “Microdancing” tomando un Citric de pomelo, pensemos en nuestro propio cuello: ¿qué nos ata?

sábado, 19 de marzo de 2011

El lavarropas automático y la mediatización del hombre moderno.

Es muy poco difundida la obra literaria del eximio mimo Marcel Marceau, el maestro del arte de lo intangible, aunque la realidad es que sus escritos complementan y dan un sentido absolutamente revelador a sus presentaciones que muchas veces fueron tildadas por la crítica de Le Figaro “como una bêtise o una pelotudez”.
Marceau era un gran admirador de Marshall Mcluhan, quien en 1964 publicó La comprensión de los medios como extensiones del hombre, su trabajo más reconocido. De McLuhan retomó conceptos fundamentales y construyó su propio personaje como una crítica a la mediatización de las sensaciones humanas. Tanto McLuhan como Marceau estaban convencidos que la tecnología alejaba al hombre de sus raíces naturales y lo convertían en un lejano “operador de recursos”. Cualquier acto, al estar mediatizado, pierde contacto con nuestros sentidos y es imposible interiorizar sus consecuencias. Por ejemplo, no es lo mismo matar a un hombre con nuestras propias manos, sentir como se disuelve el calor de su cuerpo en nuestras palmas, sentir el peso sin resistencia en nuestros brazos, que tirar una bomba desde un avión y matar a miles. El registro consciente del hecho es diametralmente diferente.
Marceau lo expresaba simulando arrancar una flor y dándosela a una dama del público o palpando un plano invisible que jugaba de muro en la imaginación. En este acto, del que se puede preciar cualquier improvisado en la parada de un semáforo, Marcel expresaba la barrera sensitiva que las tecnologías y las herramientas levantaban en la experiencia del hombre, en su asimilación de los actos y en la responsabilidad que despertaba o no sus consecuencias. Por supuesto que nadie llegó a entenderlo tan claramente como cuando en uno de sus escritos dice: “si cada hombre lavara sus calzoncillos a mano, sería conciente de su propia mierda, se apagaría su orgullo, su individualismo, se reestablecerían los lazos de solidaridad y se tejería esa red invisible que siempre nos va a salvar de la acrobacia de estar vivos”. Marceau tenía un estilo que combinaba la crudeza de las palabras directas con la poesía de una nena de 15, pero aún así era contundente en sus ideas y la fuerza de sus conceptos brillan ineludibles en cada párrafo.
Ahora no puedo imaginarme a Marceau subir una escalera inexistente o tirar de una cuerda invisible sin reflexionar: Las tecnologías y los medios no sólo se interponen en nuestra experiencia, sino que la crean. Si no estoy enterada de lo que pasa minuto a minuto en Japón, no estoy viviendo en la realidad? Cuál es el límite de mi realidad? Pienso en la Aldea Global, nuevamente de Mcluhan. Ahora pienso en las miles de acciones cotidianas mediatizadas. Si no consiguiéramos carne en un paquetito en el súper, seríamos capaces de descuartizar una vaca con un Tramontina para comer un asado? Y luego despellejarla para hacernos unas botas? También pienso que somos animales automatizados, con reflejos y conductas repetitivas gracias al cautiverio social y la falta de estímulos reales.
Y ahora pienso en Raquel Mancini.

jueves, 24 de febrero de 2011

Pura espuma

El laboratorio de la Universidad de Cumbuco, Brasil, fue el escenario de una de las investigaciones más ambiciosas de la ciencia desarrollando una serie de experimentos que demostraron la presencia de organismos inteligentes en algunos jabones para lavar ropa.
Es de conocimiento popular la existencia de los Grambys, pero hasta ahora se sospechaba que sólo se trataba de un artilugio publicitario que conquistaba consumidores fantasiosos, aunque una rigurosa observación científica reveló una realidad, aún mucho más sorprendente que la de los Sea Monkeys.
En el laboratorio se logró reproducir el ambiente de un lavarropas y se arrojaron distintas marcas de jabones en un recipiente, pero sólo algunas crearon las condiciones necesarias para la generación espontánea de entes que, dotados de cierto raciocinio, respondían de formas distintas a diversos estímulos. Se observó que fagocitan partículas de suciedad y lo hacen con una ferocidad que parecen regular: tienden a mostrarse más excitados por el Ketchup y el café, que por la salsa de fideos o la tinta lavable.
Además, se pudo constatar una incipiente organización social que los divide en clases. Los Grambys azules son quienes poseen el mayor grado de dominación y a veces someten a los Grambys rojos a trabajos denigrantes, como son la limpieza de las medias después de jugar al fútbol o la musculosa del gimnasio en días de 40 grados. En muchas ocasiones los Grambys rojos se rebelan y se atrincheran tomando posesión de alguna que otra remera blanca, amenazando con desteñirla, pero estos son rápidamente reprimidos por los azules quienes les lanzan Suavizante para dispersar la situación.
“En este microambiente se repite la máxima marxista: La historia es una historia de lucha de clases”. Con esta frase comenzó su libro “Los Grambys y la excitación sexual que provoca Mr. Músculo en las burguesas” el sociólogo francés Chris Croisan, quien intenta transpolar los resultados de laboratorio a la actualidad social y darle una visión científica a su incansable discurso de izquierda.
George Lemausapant, un coterráneo, aprovechó para criticarlo y aparte de decirle que tiene un nombre ridículo, agregó: “La historia es una historia de lucha de clases, lo que no quiere decir que sea la naturaleza del hombre, ni su única posibilidad”.

miércoles, 23 de febrero de 2011

Los taxistas y los chinos.

El pasajero desprevenido puede pensar que todos los objetos que se encuentran dispuestos en la cabina de un taxista son sólo fruto de una aberración en el sentido de la estética o una malformación en la capacidad de asociar bártulos con cierta coherencia visual. Este inocente viajero desconoce que detrás de cada pieza se esconden miles de años de una sabiduría ancestral: el Feng Shui.
Algunos de los secretos revelados relatan lo siguiente: Una cinta con los colores de Boca Juniors enroscada en la palanca de cambio brinda al conductor paz interior, una esfera de espejos colgada del espejo retrovisor central multiplica la luz espiritual y la dispersa en todas las direcciones, una estatuilla de plástico del Cristo Redentor aumenta las posibilidades de que le paguen con cambio, siempre y cuando esté mirando hacia el limpiaparabrisas derecho, si mira hacia el izquierdo, propicia conversaciones interesantes con el pasajero, si en el paragolpes hay un rotulado con la inscripción: Yani y Jhony, alude a un antiguo mantra chamánico que brindaba virilidad a quienes lo repetían, por último, los más comprometidos, ponen una fuentecilla de agua que circula constantemente sobre el tablero del automóvil para asegurar la clientela, lo que puede ser reforzado con un gatito que mueve el brazo duchándose en el dispositivo.
Feng Shui para todos.

miércoles, 12 de enero de 2011

La náusea

Sartre se chocó con la brutalidad de la existencia y escribió esa obra magnífica que nos aplasta de realidad.
La vida sería intolerable si pusiéramos atención a todos nuestros sentidos y nos dejáramos invadir. Pero a veces pasa. Hoy me pasa.
Empezó con una molestia en el estómago, una molestia presente y sonora. De pronto la magia de los procesos internos y silenciosos de nuestro maravilloso cuerpo se materializó burdamente en sonidos de líquidos que surgían a borbotones. Imaginé un recipiente de laboratorio hirviendo. Esa máquina que marchaba independientemente de mi voluntad, funcionaba a disgusto y con movimientos bruscos que me arrancaban puntadas de dolor. Me acosté e inevitablemente mi atención se centró allí. Como un vigilante curioso, empecé a repasar cada sensación de desagrado. De alguna manera el malestar subió a mi paladar y podía degustarlo como algo espeso y ácido. Sabía que concentrarme en mi estómago iba a intensificar la percepción de su presencia, por eso traté rápidamente de desviar mis pensamientos. Entonces vinieron recuerdos, uno atrás del otro, con una furia incontrolable. Y cada recuerdo, con una emoción asociada, una emoción que se amplificaba en este cuerpo ridículo que funcionaba como una caja de resonancias. Los pensamientos tristes me colapsaban automáticamente los latidos del corazón y podía escuchar cómo ese animal herido aullaba dando saltos irregulares. Los pensamientos melancólicos me dejaban sin aire. Las dudas me aceleraban la respiración. Empezó a aparecer un dolor puntual en la nuca e imaginé que eran más pensamientos que se agolpaban para luego vomitar su verborragia en el silencio de la habitación.
Se me ocurrió repetir una frase para ocupar el lugar mental y ahuyentar los sentimientos. Entonces empecé a rezar mecánicamente.
Fue allí cuando se materializó el calor. El aire no se movía y estaba cargado de humedad, me costaba tomarlo, me sorprendí haciendo fuerza para que entre e hinche mis pulmones. La frente me estaba sudando. Estaba agobiada. Jadeaba. La sábana tenía un olor salado, el mechón de pelo que me colgaba del hombro apestaba a perfume y en mis manos había un vaho dulzón, el fantasma de un durazno que a esa altura se me aparecía como el recuerdo de una criatura pestilente.
Me incorporé y creo que la luz de la ventana fue tan fuerte que me hizo marear, otra vez rechinó mi estómago. El miedo, el odio o la tristeza no ocupan tanto lugar como la repugnancia.
Querido Sartre, hoy soy existencia con acento, presencia indiscutible, carne de la náusea.

sábado, 1 de enero de 2011

La vida el shuffle II

Pienso que la música es el más importante y misterioso de los artes. Tengo una regla muy particular para medir el valor de los talentos y esa es mi propia capacidad para desarrollarlos. En el caso de la música, me resulta absolutamente imposible generar una combinación inédita de sonidos en mi mente y mucho menos canalizarla a través de un instrumento. Es lo más parecido a materializar la imaginación en estado puro, a condensar el espacio etéreo de una idea. No tiene colores. No tiene formas. Juega con la sutileza de las vibraciones del aire.
La música interviene directamente en el cuerpo y en el ánimo, sin ningún proceso intelectual, nos atraviesa y nos ensancha el alma. Pocas cosas nos embriagan con esa inmediatez y con esa lucidez.
Mi ipod es capaz de modificar el paisaje e imponer el ritmo en mi bici. El metal es desafiante, cruzo calles y surfeo autos con decisión. El rock hace que todo se mueva más rápido, hasta el pedaleo. Y las baladas sugieren un paseo más introspectivo, casi como una meditación dinámica.
A veces estoy de buen humor, a veces no, a veces no puedo identificar qué tipo de humor tengo y dejo que mi ipod controle la situación, yo sólo lo sigo. Irresponsable, sumisa, libre.

martes, 28 de diciembre de 2010

El Evangelio según Ruviolix

Estaba Jesús de Nazaret a orillas de un río hablando con sus discípulos cuando un Escriba se le acercó y sin saludos ni preludios sociales le preguntó: “Maestro, ¿cómo va a ser el fin de los días?” Por aquella época era usual que entre pescadores y vecinos charlaran cotidianamente de pormenores apocalípticos, así como del origen de los tiempos, ángeles, señales divinas o muchas veces repetían o intercambiaban parábolas mientras echaban las redes o barrían la vereda. Hoy se ha perdido esa sana costumbre y resultaría casi de mal gusto interrumpir una conversación para indagar abruptamente sobre el fin del mundo, pero más allá de tomarlo como una falta de cortesía, Jesús de Nazaret, devolviendo la misma naturalidad, se dirigió al Escriba y comenzó a darle detalles del caso.
“En verdad os digo que en esos días las columnas del cielo temblarán, el que esté en el río, volverá a la tierra, el que está en la tierra, subirá a las montañas, el que esté en la montaña….”
“Sí, me imagino”, dijo el Escriba un tanto ansioso, “¿Va a haber o no Juicio Final?”
Jesús retomó: “Surgirán falsos Cristos y os dirán que sí, otros dirán que no, otros dirán que no saben o no contestan y otros no dirán nada, pero yo os digo: tenéd cuidado…” El Escriba empezaba a impacientarse. Ya le habían comentado que el hijo de Dios era un tanto retorcido para la oratoria y siempre se las rebuscaba para no contestar ni chicha ni limonada o te escupía una metáfora enredada y te la dejaba picando. Nadie le iba a andar pidiendo explicaciones al Mesías y era de muy mal cristiano andar exigiendo que repita las cosas o que sea más claro. Pero el Escriba no andaba con prejuicios y lo apuró: “Jesús, vamos al grano”
Jesús: Si tuvieras la fe del tamaño de un grano de mostaza, entenderías.
Escriba: No pesco una.
Jesús: Yo puedo hacerte pescador de hombres, sígueme.
Escriba: ¿Dónde querés que vaya?
Jesús: Ningún profeta es bien recibido en su tierra.
Escriba: Jesús, pará un poco que me voy.
Jesús: Levántate y anda.
El Escriba no podía disimular su consternación, aunque los apóstoles de atrás le hacían señas, subían y bajaban sus manos con las palmas abiertas hacia abajo sugiriendo: “bajá un cambio”. El Escriba no podía tolerar la arrogancia con la que hablaba Jesús, cada vez que abría la boca, parecía que se abrían comillas en el aire y era incapaz de decir una frase al azar, de equivocarse o de admitir un error. Cada vez que hablaba buscaba con el rabillo del ojo si alguien estaba tomando nota y entonces no hablaba, dictaba. Jamás lo ibas a escuchar diciendo: “Nazaret es un horno!” sino siempre optaba por frases como: “Creédme cuando os digo que la habitación más fresca del Infierno es como Nazaret de Galilea en esta época”.
El Escriba se dirigió por última vez al Señor y le dijo: “Me molesta que hables como si cada cosa que dices fuera palabra santa, el hijo de Dios debería ser más modesto con su sabiduría, más reservado a la hora de hacer milagros y más sencillo en su trato.” Jesús sonrió y en vez de tomar el desafío, se dio vuelta y prestó atención a unos niños que se acercaban. Ellos, en un alboroto jocoso empezaron a tirar de su túnica y a gritar en forma de canto: “Que camine sobre el agua! Que camine sobre el agua!”
Jesús se sonrió de nuevo, se sacó sus sandalias y empezó a caminar sobre el agua, primero se alejó apaciblemente dando la espalda a la orilla, luego se dio vuelta como si fuera un modelo de pasarela y se acercó con las manos en la cintura y moviendo exageradamente las caderas, los chicos empezaron a reírse como locos y Jesús al llegar a la orilla se acomodó su larga cabellera y les dedicó una mirada de alta costura a todo su público. Esta vez los apóstoles fueron quienes estallaron de risa. Jesús, animado, dio saltitos sobre el agua, hizo repiqueteos y hasta pateó un salmón que saltó fuera de la superficie y se tiró de rodillas simulando haber metido un gol. Los niños a esta altura ya estaban retorcidos en el piso de tanto reírse. Los apóstoles arengaban con aplausos y silbidos el humor del Señor. Finalmente Jesús simuló ser una estrella de rock, bailaba, cantaba, imitaba tener un micrófono en la mano y esta vez le pidió a Su Padre que participe y éste, entre dos nubes, hizo aparecer un rayo de luz, un verdadero spotlight que seguía a ese Jesús poseído por la risa y la música imaginaria.
El Escriba no pudo evitar una sonrisa. Era la primera vez que sonreía en su vida. Allí se dio cuenta de que aquel muchacho de barba era efectivamente el hijo de Dios.
Se sentó, disfrutó del espectáculo y ya no se preocupó más por el final.

martes, 9 de noviembre de 2010

Hipoconversaciones

En el norte de Nueva Guinea, un grupo de jubilados del Bocha y Canasta Club Social inventó un nuevo deporte: “las Hipoconversaciones”.
Las expresiones anómalas del cuerpo muchas veces son fuente de relato en conversaciones que se convierten en una escalada desenfrenada por demostrar cuál de los dos locuaces interlocutores sufre de mayores y más intensas perturbaciones físicas. Esto sirvió como inspiración para esta caterva de ancianos que hoy compiten en ligas barriales para definir quién es el más afectado por los padecimientos más agudos y excéntricos.
Los competidores se sientan a una mesa y sin repetir y sin soplar comienzan a describir sus enfermedades. La estrategia más repetida es empezar hablando sobre afecciones insignificantes para desenvainar sobre el final dolencias indescriptibles fruto de patologías extravagantes. Los misterios de la ciencia siempre nos honran si nos toman como protagonistas y, en este deporte, dicha eventualidad define por jaque mate.
Una partida histórica fue la que supo ganar Don Valentín Estrada el 14 de julio de 1996 cuando comenzó narrando una crisis hemorroidal que escaló en un quiste cebáceo en el hígado para derivar, con una cintura inigualable, en el recuerdo de una apendicitis mal curada que provocó el vómito espontáneo de líquido cefalorraquídeo. Estrada fue el pionero en combinar una afección extraña y desagradable con el recuerdo de enfermedades pasadas y conmover a través de la melancolía de esa afección que se fue, que nos dejó en el anonimato y la intrascendencia de las personas sanas.

La apología del error.

Gustavo Correa es coreógrafo y antropólogo. En todos sus trabajos se destacó por unir áreas de interés aparentemente distanciadas o por conjugar tópicos supuestamente irreconciliables. En su tesis de doctorado investigó el fetichismo que producen las pantimedias y la infiltración bolchevique, habiéndose licenciado con un estudio sobre cómo la dispersión del mono mirikiná influye en la decisión de aborto en adolescentes asiáticas.
Esta búsqueda inepta terminó en un visible fracaso e inmediatamente se abocó a producir literatura de autoayuda mezclando en una batidora retórica la cultura New Age, un poco de budismo, algo de chamanes mexicanos y marketing del berreta. Así publicó su primer Best Seller: “La apología del error”. Este compendio de moralejas sin cuento se basa en una realidad simple y evidente: somos imperfectos. Cualquier psicólogo de barrio nos ayudaría a resolver las situaciones incómodas o a aceptarlas, mientras que Correa va más allá y a través de su obra nos invita a celebrarlas.
“En la vida no hay ensayos”, comienza el prólogo, “el mundo es un escenario, donde uno tiene que interpretar un rol que desconoce, con actores que tampoco saben el sentido de la obra y la improvisación es el único recurso que tenemos”. Con estas palabras justifica de antemano cualquier desacierto y cubre todas las faltas de inocente ignorancia. Así cautiva a sus seguidores con una liberadora sensación de estupidez congénita que los exime de toda responsabilidad sobre sus actos.
“Muy al contrario de lo que sucede en la vida animal, entre los humanos, es el imbécil quien mejor se adapta y sobrevive. El idiota se deja llevar, se deslumbra con una linterna y su vida se hace tan liviana, tan grácil, tan espontánea, que va hacia la muerte en autopista. Pero aquel que se resiste, que pregunta, que cuestiona, que se obstina en cambiar al mundo, ese termina encerrado en sí mismo o en un manicomio, que es lo mismo ”.
Hoy, mientras colamos el aguita del yogur, pensemos en Correa y mandémoslo a la puta que lo parió.

miércoles, 20 de octubre de 2010

Moscas en el alma

A veces uno anda por ahí con la estúpida sensación de que la vida es un lugar seguro. No sé de dónde surge esa idea, supongo que de un espontáneo entusiasmo por la existencia, de un arrebato de esperanza o fruto de la mismísima inconciencia, de la impavidez que nos puede producir despertarnos todos los días. Por un motivo más apasionado que otro, uno puede imaginar que va a salir ileso de todo esto. Error. El dolor y el sinsentido siempre nos alcanzan. Porque la única realidad es que estamos solos. Se piensa solo, se sueña solo y se siente solo.

miércoles, 13 de octubre de 2010

Sobre los Vedas y la merienda divina.

Se conocen como “Vedas” a los cuatro libros sagrados del hinduismo, donde se protege, en un entramado de poemas, rituales y cantos, la esencia misma de la espiritualidad. Los Vedas fueron guía e inspiración de las mentes más grandes de la India. La amplia y pintoresca mitología encubre y revela a la vez. Sus palabras se mueven en círculos o dan saltos aleatorios en la cabeza del lector y éste no puede más que entregarse a la verdad. Las metáforas, a veces suavemente y a veces con un latigazo de sudor frío, van abriendo puertas, desnudando secretos, iluminando rincones.
La palabra Veda deriva del término sánscrito Vid que significa conocimiento. Y como tal, siempre fue interpretado por los intelectuales y estudiosos de las lecturas, pero a la hora de compartirlo con el pueblo, los complejos vericuetos literarios se convierten en cuentos populares que, como dice Francis Salomon, “vienen predigeridos”. Francis es profesor en una escuela secundaria de Nuagaon y es conocido por desentrañar la retórica védica y traducirla en relatos accesibles, simples y a veces un poco chabacanos.
Por ejemplo, de esta manera explica la influencia kármica y su impronta en las vidas venideras: En el momento de darte una vida, Dios sostiene una galletita rellena con sus dos manos y te hace elegir una: derecha o izquierda. Esa mano va a ser la que sostenga tu destino. Al partir la galletita, una mano se queda con la tapa con crema y la otra con la tapa seca. Si elegiste la mano derecha y allí se quedó la tapa con relleno, tu vida estará llena de gozo, placer y felicidad, en cambio si esa mano sostiene la tapa vacía, siempre te perseguirán la desgracia, la desdicha y la calamidad.
Con esta parábola de barrio, explica el origen de las preguntas filosóficas más profundas de la historia de la humanidad: ¿Estamos eligiendo? ¿Es azar? ¿o Dios manipula el resultado?
Las respuestas son todas afirmativas. Estamos eligiendo porque siempre tenemos opciones. Muchas veces, para no decir todas, es al azar porque generalmente desconocemos las consecuencias positivas o negativas de nuestros actos, sin olvidar que tampoco podemos distinguir objetivamente lo que es positivo o negativo, bueno o malo. Y, finalmente, no hay pruebas de la justicia ciega de Dios.
Lo cierto es que no hay vidas rosas como la crema de la Merengada ni totalmente negras como tapa de Oreo, ese juego es otra ilusión, otra puesta en escena de este gran teatro del sinsentido donde sólo venimos a divertirnos, a tomar el té en esta mesa que Dios sirvió para nosotros.

miércoles, 1 de septiembre de 2010

Una cachetada a tiempo. Entrevista con Jorge Amado Varela.

Me encuentro con Jorge en un café de Palermo. Llego 15 minutos antes para asegurarme la posibilidad de verlo entrar y recibirlo. Como periodista entiendo que el entrevistado debe sentirse siempre esperado y bienvenido. Un café en la mesa ayuda a dar a entender que llegué con el tiempo suficiente para pedirlo y que sea servido. Empujé la puerta y mi mirada fue directo a una mesa para dos cerca de la ventana. Allí estaba Jorge que, después del contacto visual, mira su reloj y suspira con hastío.
Comprendo que el tiempo apremia y después de una breve presentación comienzo a preguntar.
Jorge es Psicólogo, especialista en Disciplina y presentó libros como “Desde arrodillarse en maíz hasta la picana en los colegios”, “Métodos de penitencia con y sin dolor en infantes”, “Del capricho al orden militarizado de la criatura”, “El control a través de la perturbación psicológica del púber”, “La edad del pavo, recetas para hornear a un adolescente y comerlo en el día Acción de Gracias” y su última obra: “La cachetada a tiempo”.
P: Jorge, ¿“La cachetada a tiempo”, se supone que es preventiva, a diferencia de la cachetada correctiva o punitiva?
J: Precede al acto incorrecto y lo desmotiva automáticamente.
P: Entonces, aquí la pregunta crucial es ¿cuándo es oportuno aplicarla?, ya que la falta de un hecho desatinado en la línea de tiempo, desconcierta.
J: La cachetada a tiempo es fresca, espontánea, inesperada. Por supuesto, es imposible predecir con exactitud una futura equivocación, pero existe un 100% de probabilidades de que el humano en estado de libertad mental cometa un error, siendo conciente del mismo. Hoy la ciencia ha probado que los sentimientos y las emociones interfieren en la simpleza de las buenas costumbres y terminan torciendo caminos, por eso, una cachetada limpia y seca en cualquier momento funciona como alerta.
P: No termino de entender el mecanismo…
J: El humano asocia inmediatamente la sensación de displacer con el concepto de castigo. Este dolor físico se internaliza en su subconsciente y cuando está a punto de hacer algo que se salga de la norma, su propio sistema nervioso reacciona y le recuerda el dolor. Es como un puesto de vigilancia en la misma subjetividad del impertinente.
P: ¿No es un poco invasivo? Digo...es como un dispositivo psicológico que manipula las decisiones…
J: Usted se siente invadido porque piensa que la conciencia y sus actos le pertenecen, pero como parte de la maquinaria social, usted y todas las consecuencias de sus acciones le conciernen a sus compatriotas.
P: Me hace sentir un tanto expuesto.
J: ¿Acaso tiene algo que ocultar?
P: No para ocultar, pero parte de mi identidad está en mi intimidad en las cosas que decido no compartir.
J: La intimidad es un invento posmoderno, un rincón mental donde la gente guarda la escoria que no es digna de mostrar a los vecinos. Es como barrer la mugre y ponerla debajo de la alfombra. Si usted no está orgulloso de sus actos, desde el primero al último, los esconde como una rata en el agujero de la intimidad.
P: Volviendo a la cachetada…cómo puede impactar en los niños?
J: En los niños impacta mejor porque no tienen tan desarrollados los pómulos y la onda que genera el golpe recorre más fluidamente los cachetes y penetra mejor en el cerebro.
P: Me refería a si puede traumarlos…
J: Claro que sí. Desde los 5 a los 7 los niños absorben como esponjas y es el momento donde hay que poner límites y encauzar esas mentecillas ávidas de descubrir al mundo. Hace poco hicimos un taller de dibujo hiperrealista con chicos de 5 que condenaba cualquier espontaneidad creativa y funcionó muy bien.
P: ¿No piensa que la creatividad es una condición inherente al humano?
J: La fantasía de ser distinto, de sobresalir, lo único que nos causa es dolor y frustración. Cuanto más rápido nos adaptemos a la idea de que la vida es una cadena de acontecimientos mediocres que se repiten tanto en unos como en otros, y que absolutamente nada nos hace especiales frente a los demás, más rápido vamos a conformarnos con lo que nos toca y podremos llevar una existencia respetable, acotada, sin sobresaltos y satisfecha de nuestros modestos logros. Esa es la verdadera felicidad. Si implantamos en los niños ideales o fantasías inalcanzables, lo único que provocamos es una juventud inquieta que se droga, pinta las paredes con aerosol y patea los cestos de basura. No creo que sea el futuro que usted quiere para sus hijos.
P: Muchas gracias Jorge.
Varela se levanta, me mira fijamente a los ojos, me aprieta la mano, y desaparece detrás de la puerta.
Recién ahora se acerca el mozo, como si le hubiera dado miedo interrumpir antes. Pido un café y pienso que la felicidad es para los egoístas y los ignorantes.

viernes, 27 de agosto de 2010

Kato.

Caminás airoso, exquisito,
y los anillos de tu cola,
serpiente furiosa,
se enganchan en la tarde
de una medianera ridícula.
Saltás sin gravedad,
Te movés en una física desconocida,
de tiempos eternos y planos inexistentes.
Volvés con un bostezo de dientes de sable.
Entra por mi ventana, al fin,
el ronroneo que le da vida al aire,
ese motorcito que mueve el mundo
donde vivo con vos.

jueves, 26 de agosto de 2010

El caso Lebon

Entre los años 1814 y 1836 en Pierrefonds, un pueblo cercano a Paris, surgió una figura pública, designada por la autoridad local, con la función de dar fe en cuestiones que tenían que ver con las indefiniciones sentimentales, las angustias del sinsentido y todas aquellas imprecisiones emotivas o filosóficas que hostigaban a las almas cristianas. Esta especie de escribanos debían asegurar, entre otras cosas, la autenticidad de las emociones, la legitimidad de las sensaciones y debían llenar con motivos concretos los vacíos existenciales. Algunas de sus tareas habituales, eran poner límites visibles entre la amistad y la simpatía circunstancial, entre el amor y las pasión pasajera o la admiración por otro y la falta de autoestima propia. Este magistrado sometía al consultante a rigurosas preguntas íntimas y finalmente escribía un documento irrevocable donde justificaba concienzudamente su veredicto. Estos documentos eran instrumentos fundamentales para resolver conflictos legales o disputas pasionales.
Se ha conservado parte de uno de estos expedientes donde podemos apreciar el estilo literario de la época y los tipos de casos que se resolvían:
“Pierre Lebon acudió a consultarme a mí, Jaques Richard, por una ambigüedad en su percepción. Pierre sostiene estar enamorado de Anne Milleau, quien jamás le ha dirigido la palabra, pero él asegura fervientemente haber mantenido relaciones carnales con la misma. El Sr. Lebon explica esto argumentando que utiliza su imaginación para acceder a las intimidades de la alcoba de la Srta. Milleau y estos pensamientos desencadenan una sólida respuesta física. Por lo tanto habla de la “materialización de los pensamientos” y del pasaje de un plano ficticio a una instancia efectiva indiscutible.
La consulta específica del Sr. Lebon es si puede contarle a sus amigos las aventuras con Anne, como si estas se hubieran dado en el concepto tradicional de “realidad” que se maneja en las charlas de bar o si debe reservar sus experiencias por respeto a la familia Milleau.
Bajo el poder público que me ha sido concedido, he decidido declarar a la Srta. Milleau como una prostituta que debe ser ajusticiada en la puerta del ayuntamiento, ya que el Sr. Lebon no es el único en interferir su intimidad a través de los pensamientos, el caso se repitió en Paul Richelieu, François Bernard, y Louis Alain, y hasta yo mismo he irrumpido indiscretamente en su aposento con ideas lujuriosas.
Muerte a Anne Milleau. He dicho.”
Estos artifices de la justicia metafísica y decisores de las pasiones humanas acabaron por abusar de su poder y generar más conflictos de los que resolvían, hasta que en una revuelta local en 1836, la Liga de Amas de Casa de Bellequartier se levantó en armas y decidió terminar con la burocracia existencial incendiando las oficinas de estos empleados del estado y atándolos de los miembros a 4 caballos que eran tentados con zanahorias desde los 4 puntos cardinales.
Una sombra más en la larga historia de sombras de la humanidad.

viernes, 30 de julio de 2010

Jaime

Jaime Torres es el nombre del dramaturgo y sociólogo español que recientemente lanzó su libro: “Mejor, me callo”. Jaime estudió Letras y Ciencias Sociales en la Universidad Humanística de Sevilla y se forjó con ideas socialistas, progresistas y pluralistas, que en algún momento le hicieron creer que era un revolucionario, un avanzado a su época, un ser sensible y abierto con capacidad crítica y de análisis. Estaba profundamente convencido de que debía liberar a las masas ignorantes que seguían como autómatas lobotomizados los patrones culturales del sistema y se dejaban devorar por el capitalismo salvaje. Estaba seguro de que él era la voz de los oprimidos, que él era la bandera de esa amalgama social indocta, sumisa, resignada o disciplinada por los intereses del capital. Pero un día se miró al espejo y vio un engranaje más, another brick in the wall. Percibió que su postura, también era funcional con eso que detestaba y se vio imponiendo sus valores tan autoritariamente como “los otros”. Se vio discriminando intelectualmente a los demás, jerarquizando lo que él definía como arte sobre lo “kitsch”, se vio excluyendo lo diferente e intentando dominar con su propio estilo de poder. Jaime era el archienemigo que le daba vida al héroe. Jamás podrían sobrevivir uno sin el otro.
Allí empezó lo que él mismo denominó la “Antisociología”, una visión donde se aleja de las posturas clásicas para reberlarse contra la rebelación, para criticar a la crítica, para establecer una tercer, una cuarta o una quinta postura, para que haya tantas posturas como observadores, para que haya tanto respeto como ideas, para que la verdad sea la realidad de cada uno.
Con esta primera obra se aisló de los círculos letrados y fue despreciado por sus colegas. Jack Beloliel, su alumno y apóstol escribió artículos apocalípticos en cuanto a la muerte académica de su maestro, lo defenestró en los medios de comunicación, lo denunció en el colegio de sociólogos, hizo que la prensa lo persiguiera como a un perro rabioso, destrozó su imagen pública y lo borró como contacto en Facebook.
Esta respuesta no hacía más que reforzar la “no postura” de Jaime. En un enfrentamiento televisivo, Jack acusó a Jaime de haber sido absorbido por el sistema, de estar siguiendo una agenda que no era propia, a lo que Jaime respondió, concreto, conciso y algo drogado: “Yo tengo el control y miro el canal que quiero, pero desde hace un tiempo, se me cantó apagar el TV y miro mi ombligo, el lugar donde siempre estuvieron todas las respuestas”.
Inmediatamente la revista “Hola” hizo una producción de fotos de Jaime con el torso desnudo exhibiendo su ombligo en poses sugestivas, lo que lo terminó de enterrar su carrera profesional.
Más tarde salió a la luz una carta de Jack donde se mostraba consternado por la actitud desfachatada e impulsiva que lo estaba motivando, a lo que Jaime contestó: “No pertenezco ni a los unos ni a los otros, me río de ambos, me conmueve escuchar llover y el olor a milanesa, encontré la libertad por la que alguna vez luchamos juntos”.

sábado, 17 de julio de 2010

Sonríe, Dios no está mirando.

En el comienzo de los tiempos, reinaba la nada. Una nada blanca y espesa como niebla. Un día, la nada se abrió y se formó un camino parecido a un arcoiris por donde bajaron millones y millones de unicornios de colores que se unieron, como piezas de encastre, para formar los planetas, las constelaciones y los universos.
Con la misma soltura podríamos decir que un anciano de barba y pijama blanco en tan sólo 7 días se ocupó de todos los menesteres que implican la creación del universo, incluyendo a todos sus seres vivientes.
Supongamos que somos adeptos al género de “religión ficción” y decidimos apoyar esa versión sin ningún tipo de asidero lógico, no hay justificación sensata que sirva de pretexto para lo que vino después: “Cuando el hombre creó a Dios a su imagen y semejanza”. Una vez que estuvo todo hecho, los ríos estaban fluyendo, los animales comían frutos en los bosques, las libélulas revoloteaban felices y dos cobayos corrían de la mano por los montes, el hombre tuvo que meter su cola y crear un Dios manipulador, egocéntrico, obsesivo, caprichoso y jodido para arruinarlo todo. El hombre le dio a Dios una serie de superpoderes: la omnipresencia, la capacidad de escuchar todo, de ver todo y hasta de leer la mente, capacidades que automáticamente puso en su contra al establecer que Dios sería también el guardián de nuestros pensamientos, nuestra palabra, nuestra obra y hasta nuestra omisión. No hay un maldito recoveco de nuestra intimidad donde no llegue el reflector interrogatorio de Dios. El hombre, además, creó para su Dios una lista de exigencias morales tan severas como impracticables, y como si fuera poco masoquista, le dio a su deidad la responsabilidad de un castigo por incumplimiento, poniendo a su alcance un infinito abanico de penas, de las más espantosas que se le pudo ocurrir: estadías eternas en termas de sulfuro, habitaciones en llamas, dolores y sufrimientos inimaginables por doquier. Pero eso es sólo una yapa que sobreviene después de la muerte y para toda la eternidad. Mientras, los representantes humanos de ese Dios en la Tierra, simulan berretamente estos castigos con consignas como: azotarse la espalda, dormir sobre brasas, hacerse gárgaras con vidrio molido, ponerle menta a la limonada o cortarse la yema de los dedos con el filo de una hoja.
No satisfecho con los suplicios físicos, el hombre también pidió a su Dios que lo sometiera al peor martirio psicológico: la culpa. Entonces, disfrazado de un padre amoroso, este Dios nos refriega todos los días por la cara que envió a su único hijo a la Tierra a salvarnos y los humanos desagradecidos lo estacaron como a un chivo a la parrilla. Dice qué está todo bien, que nos perdona, pero que nos va a hacer sangrar el culo hasta el Apocalipsis, dalo por hecho.
Nuestro Dios lleva el estigma de la madre judía que nos pide llevar un saquito, por nuestro bien, para no enfermarnos y darle un disgusto a ella, disgusto que siempre siempre pagamos con la misma moneda: la culpa.
Joven argentino, descendiente directo de aquellos humanos, perdónalos, no sabían lo que hacían.

domingo, 27 de junio de 2010

Francisca

Cada cerebro biológicamente hablando, puede ser similar, pero es evidente que todos funcionan de una manera distinta. El de Francisca Alonso, por ejemplo, no retiene datos, números, fechas, direcciones o nombres, sino conceptos, ideas y sensaciones. Es incapaz de memorizar o de aprender linealmente: inventa, salta, mezcla, relaciona y olvida, olvida mucho y ese reseteo constante hace que esté continuamente buscando nuevos estímulos.
Francisca puede leer un libro de 500 páginas dos veces y al faltar 10 hojas para el final, empieza a tener una sólida sospecha de cómo va a terminar y allí se da cuenta de que ya lo había leído. Olvida completamente las historias, excepto detalles que la marcaron emocionalmente o imágenes que la impresionaron. Por ejemplo, de “El Coronel no tiene quien le escriba” recuerda un momento que el desdichado protagonista rasquetea con una cuchara el fondo de una lata de café y remueve el óxido que también vierte en su taza. Así como de “Crónica de una muerte anunciada” sólo puede repetir que uno de los personajes, muy enfermo, se para en un árbol a orinar y esto le causa tanto dolor que “siente que mea vidrio molido”. Hasta aquí también podríamos culpar a García Marquez por lo intensas y desafortunadas de sus imágenes, pero también, de “Rojo y negro”, por ejemplo, un libro de Stendhal, de 623 páginas, puede decir que en algún momento del relato, hay una descripción tan maravillosa de un salón de baile que le hace sentir que nació en la época equivocada, la misma sensación que le dejó Gustave Flaubert con Mme. Bovary.
Francisca no recuerda direcciones, sino caminos, casas en las esquinas, árboles y nidos de pájaros en los cables. Jamás pudo memorizar un teléfono, pero está segura de que la van a llamar. Calcula con la intuición, mide con el sentimiento y evalúa con el corazón. Llega a conclusiones por caminos insospechados, entra al cactus del balcón para que no tenga frío y le sonríe a los perros de la calle para que no se sientan tan solos.
Por suerte siempre hay una Francisca en el barrio, o en algún lugar debajo de nuestro sombrero.

lunes, 21 de junio de 2010

La vida en shuffle

Pedaleando en una bicicleta fija uno no tiene la responsabilidad de dirigir el velocípedo a ningún lado, no tiene chances de distraerse con el paisaje, ni debe preocuparse por cómo pedalean los demás ciclistas ya que jamás se cruzará con uno.
Para que la liberación sea absoluta, pongo el Ipod en shuffle para que él cargue con el compromiso de musicalizar el momento.
La mente salta desesperada de un pensamiento a otro, eximirla de obligaciones no hace más que acelerarla y motivarla a buscar urgentemente algo en qué ocuparse. Repasa el día que vivió o planifica el futuro, inmediato o a largo plazo. El mañana es plena incertidumbre y eso la inquieta aún más.
¿Cómo lidiar con lo que vendrá montada en un aparato que no va a ningún lado y armada solamente con mi Ipod? Ahh, la imaginación humana está siempre ahí para echarnos una mano y rescatarnos de la monotonía.
Cerré los ojos, y como quien pone a rodar un globo terráqueo para pararlo con el dedo en un destino, puse a girar mi lista de canciones y sin mirar hice doble click en una que me depararía el destino de mañana. El mensaje podría ser claro y directo, como metafórico, yo tendría que interpretarlo lo más acertadamente posible. Entonces empezó a sonar algo que no reconocí al instante, pero una rápida ojeada a la pantallita me dio el nombre del tema y el presagio para el martes 22 de junio: “Die another day” de Madonna.
Bueno bueno, aquí tenemos buenas noticias. En principio, está claro que no es mi último día de vida y eso me da una alegría estúpida porque tampoco temía que lo fuera. Pero, ¿por qué puedo asegurar que mañana no va a ser mi último día? El tiempo es finito, eso es lo decepcionante, eso es lo maravilloso.
Creo que mi Ipod trató de darme una lección de vida y me sentí muy banal porque esperaba que arroje resultados que tengan que ver con cuestiones a corto plazo, como: Surfin´USA, que podía prever un viaje, Desde lejos no se ve, de los Piojos, pronosticando una inminente miopía, Salir a comprar de Divididos, tema que augura un buen día de shopping o La Chinita de Manu Chao, vaticinando un encuentro con la cajera del súper. Temas que hubieran demandado más esfuezo de interpretación hubieran sido: Boom Boom Pow de Black Eyed Peas o Woo Hoo y me hubiera desconcertado, ciertamente, un instrumental.
Entonces bajé de la bicicleta, cansada, transpirada, iluminada: la vida está constantemente en shuffle y a cada rato nos sorprende con un ritmo distinto, pero ya estamos metidos en el baile.

martes, 27 de abril de 2010

Yo tengo un sueño.

No es un sueño elevado. No es un sueño de altas exigencias morales para la humanidad, ni de quiméricas pretensiones científicas. No es un sueño de justicia, de libertad o que demande algún tipo de verdad. No es un sueño que rescate en su esencia onírica a los oprimidos, los vejados de su identidad, a los abandonados, a los prisioneros del anonimato o a los echados a la indiferencia.
El mío es un sueño ordinario, limitado, berreta. El sueño que nos hace picar los ojos. No nos levanta en armas, ni nos moviliza el alma, nos desploma en el primer sillón. Tengo el sueño estándar, del que no tiene tiempo para los otros sueños. La versión más mundana y obrera. Ese sueño inofensivo que no cambia nada, hueco, desteñido, exhausto de ideas, desganado, agotado de entusiasmo. Tengo un sueño tan feroz que no podría asegurar que no esté dormida.
Buenas noches sociedad, que duerman en paz los ignorantes, los inconcientes y los que están realmente cansados, y que los sueños de todos los demás mantengan a la humanidad despierta.

jueves, 8 de abril de 2010

Callejeros

Un perro de la calle me empezó a seguir. Si yo paraba, él paraba. Cuando yo seguía, me miraba y luego se ponía en marcha, como si hubiera recibido una orden mía que lo arengara a continuar. Durante 4 cuadras ese perro miró a los transeúntes orgulloso de tener dueño, de ser importante para alguien. Con un paso vanidoso ignoraba a otros caminantes haciéndoles saber que él tenía alguien que lo cuidaba, que estaba pendiente de que la manta de su cucha estuviera estirada y de que en su plato de plástico no faltara comida. Durante 4 cuadras presumió ser amado.
Yo le guiñé el ojo y fui cómplice de su farsa. También miré a los peatones satisfecha de ese fiel can que me seguía. Traté de levantar envidia por parte de aquellos que valoran las buenas compañías y exageré nuestra relación ideal.
Durante 4 cuadras jugamos a necesitarnos.
Después yo frené de golpe y entré a casa. Me asomé y acercó. Los dos entendimos que habíamos sido descubiertos por la realidad. Le toqué la cabeza y nos alejamos, como si la humanidad y los cánidos hubiesen sellado un pacto de respeto, un contrato de lealtad y un incondicional acuerdo de amor.

jueves, 25 de marzo de 2010

Merengada, Opera y Vocación

Herberto es orientador vocacional. Se esmera en pronunciar la “h” de su nombre, pero por sobre todas las cosas se esfuerza por encontrar la actividad ideal para cada persona. Para esto utiliza un criterio muy particular: la percepción del tiempo.
Herberto ayuda a cada uno de los que acuden a consultarlo con un interrogatorio que indaga qué tipo de experiencias temporales son las que disfruta el inquieto interesado. Entonces comienza a relacionar modos de vivir el tiempo con actividades. De esta manera hace notar que el Paleontólogo cuenta de a millones de años, el oficinista tiene ciclos de 8 horas, el agricultor de 6 meses, el colectivero de hora y media, el panadero amanece de noche, el médico de urgencias y el publicista corren en contra de cada segundo, los científicos pueden mirar eternamente sus microscopios y el que trabaja en tecnología habita continuamente en el futuro.
La vida es un período de tiempo que no pasa igual para todos y las profesiones u oficios marcan un ritmo que nos predisponen con diferentes actitudes hacia la realidad, dice Herberto mientras revuelve los pelos blancos de la nuca de su gato.
Lo único que tenemos, agrega, es este tiempo que nos ha sido dado. Nadie sabe cuánto es, pero todos deberían saber como utilizarlo, cómo amasarlo día a día para crear nuestra existencia, para marcar nuestro propio compás en este paso por la Tierra.

miércoles, 17 de marzo de 2010

Lo imposible

Una vez, en mayo, en Francia, los muros gritaron: “Seamos realistas, pidamos lo imposible” y esta consigna se transformó en el leitmotiv que encendió miles de almas apasionadas en busca de un cambio en el mundo, en busca de la propia libertad. Una parte de la sociedad fue sacudida por este lema, se sublevó, se movilizó, sacó su corazón insurrecto a la calle y exigió un sueño. Otra parte pensó que era una pelotudez, obra de hippies y malvivientes.
De cualquier forma, es innegable el poder inspirador del enunciado. Aunque, en pos de un valor poético, peca por su exagerado romanticismo y esta condición se vuelve en contra de su verdadero significado. La belleza de su música nos impide tomarlo en serio.
Pero, ¿qué separa a lo imposible de lo posible? No hay respuesta más concreta, real y tangible para esto: el tiempo.
En los últimos días escuché a las personas con las profesiones más disparatadas, los logros más increíbles y los proyectos más inalcanzables, decirme: “bajá a la realidad”. Cuando lo imposible se volvió cotidiano, la gente deja de verlo como un sueño cumplido. Lo imposible puede ser fruto de un trabajo de hormiga o de una decisión espontánea. Así como el domingo Max dijo: “Hace tanto tiempo que quiero tirarme en paracaídas, que no puedo creer que hoy me levanté, me subí al auto, me anoté en una lista y me tiré”.
En este humilde post pido a los escépticos que hagan una lista de la cantidad de cosas que les resultaban imposibles y luego fueron alcanzadas. Alicia, la del país de las maravillas, pensaba en 6 cosas imposibles antes de desayunar, es un excelente ejercicio creativo, pero algo desmotivante. Yo propongo pensar en una cosa que resultaba imposible y luego no lo fue. Seguramente antes de andar en bicicleta te parecía una misión impracticable montarte y mantener el equilibrio, pero lo lograste, o aprender a manejar, a escribir, a hacerte una trenza…¿cuántas cosas te parecían increíblemente lejanas?
“Seamos realistas, pidamos lo imposible” no es más que una condición natural del ser humano y hasta que no la tome con la seriedad y la sensatez que merece, no va a poder ser conciente y disfrutar de la magia de su propia vida.

jueves, 11 de marzo de 2010

Marcela

Marcela Barreiro nació con la extraña capacidad de presenciar milagros, no todo tipo de milagros, sino solamente aquellos de bajo costo de producción.
Descubrió su don un sábado a la mañana cuando preparaba su desayuno y el pan que súbitamente se eyectó de la tostadora presentaba el rostro de una virgen formado por una variación en la escala de la quemadura de las migas. A partir de esta revelación, Marcela se dedicó a descubrir las manifestaciones sobrehumanas que se ocultan caprichosamente en manchas de humedad, dibujos aparentemente azarosos pincelados por una pérdida de aceite en el auto, grafías sospechosas en las vetas de una puerta de madera, figuras codificadas en las manchas de un gato callejero y hasta profundizó su indagación abocándose a la lectura de mensajes encriptados en los chistes del Bazooka. En cada caso halló una prueba concreta de una expresión divina.
Esta asombrosa habilidad de Marcela llegó a oídos del Papa, a quien se le erizaron los santísimos vellos de los brazos, y en nombre del poder que le confieren los venerabilísimos principios de las virtudes suprarterrenales, dijo: “mátenla”.
Los verdugos sospecharon que la condena derivaba, ni más ni menos, de la vulgaridad de los acontecimientos, ya que resultaba hasta algo insolente que el asomo de las entidades celestiales al mundo se dieran en formas tan groseras y trilladas. Tal vez la Iglesia no podía tolerar que la inmaculada imagen de la santa trinidad aparezca trazada en la aureola de aceite que deja un pan con manteca sopado en el café.
Marcela fue colgada en una plaza. Antes la azotaron, le quemaron las manos y le pegaron un chicle en el pelo.
El pueblo estaba furioso. Al otro día, todas las paredes de la ciudad mostraban el mismo graffiti: “Es imposible ocultarlo: los milagros suceden para todos”.

miércoles, 10 de marzo de 2010

Gracias, pero no quiero saberlo

Una prueba de que no todos somos seres sociables que gustamos disfrutar de la compañía ajena es la incomodidad que me producen los ascensores montados por desconocidos. Al parecer, la ecuación social dicta que cuanto más pequeño es el espacio, mayor es la necesidad de interacción. Así, compartir un viaje de unos escasos pisos puede transformarse en la oportunidad ideal para poner en marcha mecanismos físicos donde mis neuronas procesarán laboriosamente datos infinitamente superfluos, futiles y olvidables.
Entiendo que no todas las conversaciones deben ser trascendentes y que el ser humano puede regocijarse en la plática vana, delirante y desprovista de objetivos, pero tampoco soy partidaria de promover esta modalidad en cada encuentro espontáneo con un extraño. No es antipatía, no es soberbia, no es hostilidad, es sólo el ejercicio de mi derecho a no saber lo que no me interesa saber.

miércoles, 24 de febrero de 2010

Las estaciones del alma

Nuestro stock de sensaciones está lleno de persistentes recuerdos generados con el olfato. Tal vez el sol en sí, no tiene un aroma particular, pero cuando toca las cosas del mundo, destilan un fantasma salado como agua de mar. El primer día soleado del verano es un viaje espontáneo a todos los veranos, a una aburrida tarde de siesta y calor, a una chicharra solitaria e insistente, a piel caliente evaporando cloro de la pileta, a pelo mojado, a jazmines y a césped recién cortado. El verano huele a la excitación de lo que está por pasar, a la ansiedad de lo que viene.
Hoy, la temperatura bajó y se activaron otras impresiones. Una sensación más oscura, con sombras de encierro, el papel de las hojas de una carpeta, la TV encendida, el vapor del agua de las pastas y una melancolía lejana, casi ajena. El frío huele a pasado, a oportunidad que se fue, a abrazo que no llegó.

PD: Gracias Nemer Ibn El Barud por el nombre del post.

domingo, 21 de febrero de 2010

Tecnología II

La tecnología de la información no deja de generar herramientas útiles que nos hacen ganar tiempo y nos mantienen conectados.
Es fácil verlo en un oficinista de rango medio que llega a su puesto de trabajo y después de preparar café abre su Outlook, que inmediatamente sincroniza con su Gmail y su Hotmail para poder recibir todos los mensajes en una sola casilla y evitar el incordio de revisar cada correo, aunque mantiene abierto su Gmail porque allí hay contactos que no tiene en el Chat de Msn, el cual conserva porque es la plataforma que soporta su teléfono. No olvidemos que su móvil 3G además posee un cliente de Twitter que no tiene que dejar de replicar en su computadora portátil, ni en la de su oficina, ya que con esta operación estaría evitando tener que entrar a la web de Twitter y así ganaría más tiempo. Como los minutos apremian, decide usar el Bluetooth de su celular para transferir la lista de contactos a su laptop y de paso aprovecha para pasar la música de su Ipod, que previamente había conectado al chip del teléfono, aunque en la transferencia también se cuelan las fotos que sacó en las vacaciones con la cámara digital que también soporta una plataforma móvil y esto lo utiliza para subir sus fotos directamente a la web de C5N, cuando quiere participar como corresponsal, sin tener que pasar por el trámite de subir primero el material a YouTube y allí relinkearlo. Además, nuestro oficinista no puede dejar de participar socialmente posteando comentarios o imágenes en Facebook, sobre todo porque sólo allí tiene la posibilidad de enviar Quizzes y regalos como cafés digitales, además de que su cuenta se encuentra seteada para que Twitter publique automáticamente su estatus.
Así llega el mediodía y nuestro oficinista sale a almorzar, satisfecho por todo el tiempo ahorrado en la mañana.
Cuánto bien le haría a la humanidad que el Ipod pueda sincronizarse con el marcapasos, y a su vez, poder linkear éste a la licuadora para que cuando la encendamos nos baje los mails en el nebulizador y podamos ver TV digital en vivo en la pantalla del microondas mientras calentamos una pizza.
Gracias a todos los que dedican los días de su vida a hacernos la nuestra más sencilla.

Un sueño

Estaba yo en una casa muy grande, con muchas habitaciones y resulta que vivía en una de ellas con mi amiga Anabel. Entré a nuestro cuarto, me senté en mi cama y me estaba por poner las zapatillas cuando noto que las que estaban ahí no coincidían con ningún modelo de zapatillas que tengo. De hecho, eran unas Ponys beige que jamás había visto en mi vida. Entonces comencé a sospechar y pregunté: “Ani, estas zapatillas existen?” Ella, dentro de la lógica del sueño me responde: “Sí, están ahí”. “Ya sé, pero me parece que no son reales”. Y allí comenzó la magia: “Ani-agregué-yo no vivo acá, vos tampoco y estas no son mis zapatillas, esto es un sueño!” Ella sonrió porque se dio cuenta de que era lo más divertido que nos podía pasar en el mundo: compartir un sueño, uno disparatado, sin culpas, sin consecuencias, sin espacio, sin tiempo. “Qué hacemos?” preguntó. Yo escruté la habitación, no había strippers, no estaba Brad Pitt cortándose las uñas, ni Ashton Kutcher haciendo tarea de matemática, pero vi una ventana que daba a la calle desde un piso 3 aproximadamente. “Saltemos como en Matrix!”
No dudamos ni un segundo en empezar a rebotar por los edificios, la adrenalina brotaba por los poros, nos reíamos como dos taradas hasta que de pronto encontramos un jardín de infantes vacío de infantes, pero lleno de muñecos de porcelana tan horribles que eso aumentó aún más el placer de hacerlos pedazos a patadas.
Un ruido ajeno a nuestros gritos y nuestra risa me empezó a tironear hacia fuera. No…no me quiero despertar! Traté de concentrarme en la situación, de ver con mayor claridad la escena del sueño, estaba haciendo un gran esfuerzo por aferrarme a lo que estaba pasando allí. Ani, paciente, me esperaba parada al lado mío y me pedía con la mirada que esto no termine así, que la diversión apenas empezaba.
Y Kato gritó. Porque no tenía comida, porque quería salir o porque sólo quería despertarme para que le haga mimos, pero gritó y su aullido fue como una abducción. Tardé en llegar. Habrá gritado 3 o 4 veces. Siempre me levanto para ver qué necesita, pero esta vez, no lo merecía y tuvo que esperar a que más tarde me despierte de cualquier otro sueño intrascendente para abrirle la ventana que da al balcón.

jueves, 11 de febrero de 2010

El trabajo de buscar trabajo

Como casi todos los días, hoy me tomé el trabajo de recorrer los sitios donde se publican ofertas laborales como bumeran.com.ar, computrabajo.com.ar, zonajobs.com, y demás webs de la misma calaña intentando encontrar un lugar donde pueda aportar mis servicios al sistema capitalista y cambiar las horas de mi vida por un salario.
Hay algunas cosas que me llaman la atención y tengo el propósito de compartirlas para que mi análisis sirva de faro al joven egresado de la secundaria a la hora de elegir una carrera universitaria.
A saber, uno de los perfiles más requeridos son los Java Testing 2.8 con XSL habiendo utilizado PL-SQL, Forms y Reports. VMN+, en lo posible, de nivel senior. Daría cualquier cosa por saber qué es lo que hace ese nerd para que lo busquen tanto.
Por otro lado, evidentemente está muy de moda ser “Analista de algo”. Uno puede encontrar que se requieren “Analistas” de casi todos los oficios y profesiones que se conocen, por lo tanto, mi consejo es que agregue esa palabra en su CV. Si usted es Licenciado en Marketing, titule su hoja de vida: “Analista de Marketing”, como también puede usar “Analista de Destapes de Cloacas”, “Analista de Paseo de Perros”, etc.
También podemos hallar a aquellos que nadan en aguas muy estrechas, pero profundas, es decir, los que buscan a los superespecializados como a un “Ingeniero en medición de roscas de tapitas plásticas de envases de gaseosas Light, no descartables”, con 15 años de experiencia. Pobre señor, si se la pasó midiendo tapitas tanto tiempo, probablemente vaya a la entrevista con un bidón de nafta para inmolarse automáticamente, sentado en el silloncito giratorio del escritorio donde es evaluado, si es que vuelven a contratarlo.
En algunos avisos no disimulan la voluntad que tienen de sobreexplotar a los más tiernitos con frases tipo “Buscamos estudiantes, entre 18 y 22 años, con muchas ganas de aprender. Ofrecemos experiencia en el área” Malditos opresores de carne fresca, no les dan ni el pancho ni la Coca, les conviene irse a un piquete!
Por último, descubrí que los puestos más interesantes y aquellos que tienen un valor impagable para la humanidad, evidentemente son tan impagables que sólo son ad honorem, como los voluntarios que se convocan para hacer trabajos de limpieza en reservas naturales, relevamientos de especies en peligro, maestras de talleres para niños discapacitados de bajos recursos o médicos sin fronteras, ninguno de ellos se dará el lujo de cobrar lo que se ofrece por un Tester Junior de Batidoras Mini Pimer, jamás.

lunes, 8 de febrero de 2010

Calentitos los panchos

Mi colega y compatriota Jonatan Ravinovitch presentó recientemente a la revista Climatology Today un paper intitulado: El verano y la Tecnología. En este documento analiza el impacto sobre las individualidades que genera la desconexión intempestiva de las redes sociales que sufren los habitantes de Latinoamérica ante los reiterados cortes de luz que se ocasionan como resultado de las altas temperaturas. Es muy interesante investigar sobre el impacto que produce una conversación de chat interrumpida abruptamente, la desesperanza que causa el momento en que la energía eléctrica se ausenta cuando casi casi se estaba por subir una foto de 25 megas o cuando la iluminación espontánea que estábamos viviendo contestando un mail muy importante, se ve asaltada por la oscuridad de una palanca que se baja.
El hombre sudamericano, su vida digital y consecuencias sociales en épocas estivales es tema de análisis del Dr. Ravinovitch, lo que aquí nos compete son, sin embargo, algunos consejos útiles para palear la ausencia de dispositivos de acondicionamiento de temperatura, es decir: aires y ventiladores.
Si usted es sorprendido por un corte de luz cuando el informe meteorológico anunció 42 grados a la sombra, siga las siguientes instrucciones:
-Quítese toda la ropa que su pudor y compañía en ese momento le permita.
-Acuéstese sobre baldosas frescas o azulejos.
-Controle la respiración e intente no realizar absolutamente ningún movimiento que implique la generación de calor.
-Si su heladera aún mantiene el frío, busque la merluza que guardaba en el freezer y frótesela por el cuello.
-Si tiene una tortuga de mascota, usualmente tienen las panzas frías, por lo tanto, recuéstese y colóquela apoyando el vientre del animal en su frente.
-Ni hablar si llega a tener gelatina hecha, sumerja sus pies en el bowl y con un movimiento suave, intente que se inmiscuya entre sus dedos.
-No se exaspere porque aumentará la temperatura de su cuerpo, trate de viajar mentalmente hacia la central de la EPE e imaginar que descarga su ira arremetiendo sexualmente contra sus directivos.
-Cuando escuche el “piii” del microondas, ese canto de sirenas que le anuncia la gloriosa llegada de la corriente a sus tomas eléctricas, no se olvide de celebrar y de dar gracias al Señor. Bienaventurados son los mártires agradecidos.

jueves, 4 de febrero de 2010

No apto para románticos

Ayer me preguntaron si creo en el matrimonio. Pienso que es un acto totalmente cultural y como cultural que es, por definición, es antinatural. Hay suficiente evidencia a lo largo de la historia de uniones por conveniencia y separaciones por infidelidad. Pero, yendo al acto en sí, entrar a un edificio vestida como jamás me vestiría para salir a la calle, pararme frente a un señor, ataviado aún mucho más ridículamente que yo (que alguien que conozco dice que viene de manosear niños), parado debajo de una figura de un hombre semidesnudo y crucificado y prometerle que voy a estar para el resto de mi vida con la persona que está al lado mío, cuando por experiencia sé que también la he pasado muy bien con otros y él de la misma manera, es al menos, para no decir otra cosa, bizarro.
El hombre es un animal rarísimo que teniendo tanta capacidad para expandirse mental y emocionalmente, se la pasa creándose estructuras para encerrarse: la escuela, la empresa, el club, las fundaciones, la familia, el matrimonio y cualquier forma de amontonamiento social que lo haga sentir que pertenece a un grupo, que comparte intereses con otro, que puede identificarse con los demás y proyectar un futuro hacia donde no va a caminar solo. Y esa es una de las mayores virtudes que perdió el ser social: la capacidad de estar solo. La estabilidad, la seguridad y la eternidad son ilusiones que buscamos para acallar al miedo a lo desconocido y a la soledad. Cuando aprendemos a disfrutar de nuestra propia compañía es cuando podemos estar con alguien sin exigencias, sin la necesidad de promesas, papeles o testigos celestiales. Cuando aprendamos a conocernos y nos sinceremos con nosotros mismos será cuando podamos tener una sociedad más solidaria, más compasiva, más permeable al sufrimiento ajeno, con lazos más profundos y reales.
No soy una ferviente opositora del matrimonio, me resulta tan insignificante que me da lo mismo y si a mi mamá o a mi suegra les hace feliz, hasta tal vez lo haría.
Eso creo.

lunes, 1 de febrero de 2010

Sobre la tecnología

En la Antigüedad un hombre era capaz de saber todo lo que se sabía en su época. Hoy, en materia de escarabajos no más, por tomar un ejemplo, hay descriptas unas 360 mil especies y a cada segundo se generan y se publican toneladas de datos de temas sobre los cuales podemos vivir tres vidas seguidas sin tener la necesidad de enterarnos que existen.
Todos estamos conectados por una red que nos hace visibles constantemente. Mientras estemos on line, el mundo nos sigue con su spotlight digital y cualquier desconocido del punto más remoto del planeta se puede enterar que las empanadas, me gustan de provolone. Facebook, Twiter, MSN, Google, You Tube y cualquier dispositivo que salga mañana para tener Internet endovenoso y publique automáticamente hasta el último acto insignificante de tu vida, para que otros, con menos vida aún, lo comenten y lo festejen, es, para muchos adoradores de la tecnología, un avance. ¿Un avance para ir adónde?, pregunto yo. Entonces, en este momento, aparte de vegetariana, soy retrógrada. Pero sólo veo que la tecnología y la capacidad para sobreconectarnos o sobreinformarnos esquiva ampliamente a la pregunta: ¿para qué? ¿De qué nos sirve la información si no hay reflexión, si no hay cambio, si no hay un plan?
Sabios, eran los de antes. Hoy hay miles de zombis aturdidos, repitiendo titulares de diarios, compartiendo imágenes de vidas ajenas, espiando hasta el hartazgo las intimidades de gente que no tiene intimidad, fantaseando en ventanitas de chat con personas que no existen, apoyando causas con el mouse, invirtiendo tiempo en tardes estériles y en noches con luz de monitor.
No reniego de la tecnología, la uso y no dejo que me use. No soy una desertora del mundo informado, sólo averiguo lo que quiero saber o aprendo aquello que me da placer aprender. Y si este post lo lee un armenio mientras se prepara un café con ron, que lo disfrute, brindaré por él esta noche.

sábado, 30 de enero de 2010

Sobre los porteros y el Tarot.

Hace unos días le comenté a un amigo: “El portero del edificio me tiró las cartas”. “Por qué hizo eso el muy desgraciado?” Preguntó con la indignación de quien creyó que el encargado había echado a la basura mi cuenta del gas y el resumen del banco. “No”, me apresuré a corregir, “me leyó las cartas!” –ahora de saboteador, pasaba a indiscreto- hasta que finalmente dije: “las cartas del Tarot!”. La cara de asombro no se le borró con la aclaración, pero sin dar más detalles, seguí con mi relato. Puso tres líneas de cartas sobre la mesa y si bien no sé interpretar la simbología del Tarot, en todas las figuras que salieron había espadas, corazones clavados, cuchillos, hachas, motosierras y, para coronar, al final de todo “la muerte”. No hacía falta tener ningún tipo de sensibilidad paranormal como para ver que el futuro inmediato no me deparaba grandes maravillas. Pepe, nuestro portero tarotista, no sabía por dónde empezar a darme malas noticias hasta que se puso a hablar de proyectos que no se concretan, planes que se cortan, caminos truncados y, paradójicamente, puertas que se cierran. De más está decir, un panorama bastante poco alentador.
Primero sucumbí en la depresión y dirigí al cielo un muy enojado y lastimoso “Por qué?”. Yo no lo había provocado, pero el destino inexorable me corría con cuchillos y floretes. Por qué tanta saña? Por qué tanto objeto punzante en mi porvenir?
Después comenzaron las sospechas. Yo no estaba muy concentrada, y además tenía los brazos cruzados. Estos pormenores seguramente habían hecho que Pepe sufra interferencias y que la lectura de mi suerte se haya visto adulterada. De todas maneras, a quién se le ocurre que un mazo de cartulinas con figuritas me pueden hablar de lo que va a pasar. No sería de una persona en sus cabales hacer caso del significado que alguien le dio arbitrariamente a unos retazos de papel impresos y plastificados. No señor, calumnias! Me rebelo abiertamente contra todo tipo de artilugio mágico que pretenda entreabrir las cortinas del presente para espiar el futuro. Insto a que todas las víctimas de malos augurios nos unamos en una sola voz para negarlos y crear con el deseo otro futuro. Y si en realidad los designios divinos nos han trazado un sendero maltrecho, no le demos el gusto de recorrerlo con mala cara.
Que nunca te falte un vino, un amigo y el desinterés por lo que está por venir.

miércoles, 13 de enero de 2010

Houston, we have a problem.

En algún momento de nuestra socialización alguien nos mete la extravagante idea de que en la vida tenemos que ser “alguien”, como si no bastara con esta presencia concreta de aspecto humanoide o que “tenemos que llegar lejos” descuidando la realidad de que todos vamos a llegar en algún minuto final, exactamente al mismo lugar. Estos imperativos son tan fuertes y poderosos como difusos ya que “ser alguien” o “llegar lejos” puede significar tanto juntar mucho dinero, lograr un puesto de poder, salvar vidas en una tragedia natural o poder elegir como destino de vacaciones el lugar más recóndito.
Para sumarnos responsabilidades, además, cada uno se carga con el objetivo de “descubrir su misión en la vida”. Menudo problema. Entonces afinamos los oídos y tratamos de escuchar qué es lo que nos dice nuestra voz interior al respecto, deseamos alguna mínima directiva, una pista, un guiño que nos señale alguna dirección, una ruta que nos lleve hacia eso para lo que estamos inexorablemente predestinados. Entonces, no dejan de surgir los inconvenientes porque tenemos que ser “alguien” sin saber qué significa eso, tenemos que “llegar lejos” sin saber para dónde empezar a correr y ahora también tenemos que escuchar una voz que una persona, en su sano juicio, generalmente no escucha. Y bien que me asustaría si finalmente esa voz decide resonar en mi interior y verbaliza en un español alto y claro una sólida orden.
Doy por seguro que mientras no nos deshagamos de esos mandatos fantasmas, sólo vamos a encontrar frustración e insatisfacción.
No quiero ser nadie, no quiero llegar a ningún lado y nadie me ha asignado realmente ninguna misión. Soy lo que soy, me gusta dónde estoy y no trabajo para ningún desconocido interior.

miércoles, 6 de enero de 2010

Reyes otra vez.

Hace un año comencé este blog, una noche de Reyes. El relato narra cómo mis tres deseos demandados en esa ocasión fueron desestimados con alevosía por parte de la mágica nobleza encargada de materializarlos. No quiero con esta mención alegar que aún me hiere la ofensa de dicha desidia, pero este año el pastito…se los debo.
De todas maneras, ayer no podía decidir cuáles iban a ser los deseos que encabecen la lista de este año, y como para estar segura de no olvidarme nada importante, consulté a un amigo sobre su propio encargo para los reyes y le aclaré que estaba un poco indecisa con respecto a mi solicitud. Mi amigo respondió: “dejá que te sorprendan”. Esta respuesta, así tan simple como suena, más allá de ser una contestación como de quien sigue el diálogo mientras hace una repisa con vasitos de yogur, es una réplica de una sabiduría pasmosa. Cuando la verdad es tan simple y tan evidente, no puede ser menos que sabia. Uno puede trazar todos los caminos que quiera, puede proyectarse, puede apuntar la cabeza del caballo en una dirección y dar la patadita correspondiente para que nuestra existencia se eche a andar en una dirección, pero jamás podremos saber si ese fue el puntapié que nos llevará al destino que imaginamos. ¿Y para qué saberlo? ¿Qué gracia tendría la vida si fuese tan predecible como las estaciones del subte? ¿Qué gallardía tendría jugarse el alma en una ronda de amoríos si supiéramos que la felicidad está siempre atrás de cada elección? ¿Cuánto dura la felicidad si es eterna? ¿Qué valor tendrían los deseos si siempre se cumplen?
Este 6 de enero me siento en la mejor mesa cósmica, sin saber aún si puedo pagar la cuenta, pero le pido a esos mozos reyes del universo que me sirvan lo que quieran, el plato que el chef divino tenga preparado para mí. Llenen mi espíritu con las delicias del asombro. Sorpréndanme. Pero no se olviden del postre, por favor.

jueves, 31 de diciembre de 2009

Cuentos de Navidad

Hace casi 2009 años, de una madre virgen, nació un niño bajo la luz de un fenómeno astronómico bastante particular y si bien respiró por primera vez el aire de un pesebre, apestado a aliento de oveja, fue visitado por tres reyes multiculturales que le entregaron valiosos regalos. Durante su vida, demostró eficientemente y ante un público cuantioso, tener la habilidad de
multiplicar peces y vino, entre otras anomalías que la gente llamó “milagros”, pero aún así lo apedrearon, lo colgaron en una cruz y le clavaron una lanza.
Hoy, dos mil y pico de años después, parece haber olvidado los detalles de ese mal rato y desde algún lugar de la bóveda celeste nos envía a un señor vestido de rojo que usa para volar un trineo, bajo vaya a saber qué artilugios tecnológicos, y nos deposita regalos al pie de un árbol de plástico envuelto en lucecitas titilantes.
Brindemos por la creatividad humana!
Feliz Navidad!